En 2010 comenzó todo. Isa Schütze inventó una novedad mundial: el cojín de piscina flotante. Lo que siguió fue la marca "chillisy", pronunciado: chill easy. El nombre debía reflejar los productos, pero no a la propietaria...
Extracto de la entrevista con el Tiroler Wirtschaftszeitung en octubre de 2015:
Cuando en 2010 estaba en la piscina en Brasil, no tenía idea de la gran repercusión que tendría la curiosidad experimental de dos niños. "En el hotel había pufs por todas partes y los dos agarraron uno y lo tiraron al agua", cuenta la joven empresaria. Siempre estaba lista para rescatar a los niños, pero gracias al poliestireno el puf no se hundía. "Sin embargo, se volvió tan pesado que los niños no pudieron sacar la pieza empapada a la orilla."
Con estas impresiones y un puf naranja como recuerdo, Schütze dejó Brasil. "Quería conservar la sensación de vacaciones, pero la tela no era transpirable y se pegaba incómodamente a la piel."

Se atrevió a dar el paso
Esto tenía que poder hacerse mejor, pensó la alemana de nacimiento. Pidió a una amiga en Mallorca que investigara si había pufs en los hoteles de allí. Como no fue así, Schütze se mudó directamente a Mallorca por tres meses, con su primer cojín de piscina hecho a mano en la maleta. "Lo cosí con la máquina de coser de mi madre, que es modista. Lamentablemente, me robaron la máquina en la isla."
Cuando Schütze, con el gran objeto blanco a cuestas, marchaba hacia el agua, fue observada con interés, pero nadie se le acercó. "Funcionó, el cojín flotaba. Fue una sensación tan genial."
Aunque la entrada al mercado en Mallorca no tuvo éxito en ese momento, Schütze no se desanimó. De vuelta en casa, trabajó en su invento en cada minuto libre, tocó puertas y escribió a diversas revistas.
Por suerte y por caminos indirectos, la empresaria llegó entonces a la tela Premiumacryl – producida en Alemania, acabada en Francia, Italia y Suiza – que todavía usa hoy para sus productos.